Por qué me gusta más GNOME que KDE Plasma

El origen

Llevo mucho tiempo utilizando GNU/Linux como sistema operativo en mis ordenadores personales y he pasado por muchas entornos de escritorio en mi vida “linuxera”. Durante muchos años utilicé KDE Plasma.

Me fascinaba el poder cambiar absolutamente todo: los menús, los efectos, los colores, los iconos, los paneles… era como tener un juguete nuevo cada día. La famosa frase de “más vale tener y no utilizar, que querer y no poder” se podía aplicar perfectamente a mi filosofía en aquel tiempo.

Pero lo que empezó siendo divertido, con el tiempo se volvió un problema: me encontraba más configurando que trabajando. Cambiaba un tema, luego un panel, luego un widget… y al final, cuando me daba cuenta, había perdido una hora en vez de avanzar en lo que tenía que hacer. Si bien es verdad, que una vez hecho el trabajo duro, no lo volvía a tocar.

Ahí fue cuando empecé a darle una oportunidad a GNOME. Y lo que parecía un escritorio “demasiado simple” en un principio, terminó siendo exactamente lo que necesitaba.

Gnome vs Kde Plasma Gnome vs Kde Plasma

Sencillez

Lo que más me gusta de GNOME es que no me bombardea con opción es. Arranco el equipo, y ahí está: limpio, ordenado y listo para que me ponga a trabajar. No hay barras llenas de cosas, ni menús con cien configuraciones distintas. GNOME me da la sensación de estar en un espacio tranquilo donde nada me distrae.

Todo encaja mejor

Otra cosa que me atrapó es la coherencia visual, en GNOME la interfaz tiene un diseño unificado y limpio, todo parece diseñado para ir de la mano: las aplicaciones los botones, la tipografía. Me genera una sensación de orden muy agradable. KDE Plasma también es bonito, y también ha mejorado mucho en este aspecto, pero a veces noto que no todo encaja de la misma forma.

Productividad

La vista de actividades de GNOME, con sus escritorios virtuales y atajos de teclado, me facilita mucho la vida, incluso me hace olvidar el uso del ratón , la organización de escritorios virtuales me facilita la concentración.

Cambiar de ventana o agrupar aplicaciones es rápido e intuitivo. Con KDE Plasma, aunque se puede lograr algo similar, me cuesta más mantener esa fluidez porque siento que la interfaz está más cargada.

Menos distracciones

Con KDE Plasma me distraía constantemente probando cosas nuevas. En cambio, con GNOME esa tentación desaparece. No hay tantos adornos, y eso me permite mantener el foco en lo que estoy haciendo.

GNOME apuesta por un escritorio sin elementos innecesarios. No hay barras llenas de iconos ni widgets por todas partes, no hay tantos adornos, y eso me permite mantener el foco en lo que estoy haciendo, con KDE Plasma me distraía constantemente probando cosas nuevas.

Integración con aplicaciones

Muchas de las aplicaciones que estan pensadas para GNOME están diseñadas con su filosofía en mente: simples, minimalistas, elegantes, sin complicaciones y coherentes con el entorno. Esto hace que la experiencia sea más agradable. En KDE Plasma también hay aplicaciones muy buenas, pero me parece que en GNOME todo fluye mejor.

Filosofía minimalista

Lo que me enganchó de GNOME es su filosofía minimalista. En mi caso particular prefiero un espacio de trabajo que sea funcional, bonito y que no me distraiga de lo importante: usar mi equipo para crear, aprender y experimentar.

También tiene sus críticos

GNOME tiene carencias, como la necesidad de instalar extensiones para cuestiones básicas, aunque esto también es discutible, sobre todo si nos anclamos en la visión del escritorio clásico, heredado desde Windows, incluso se critica precisamente sus pocas opción es de personalización

A los desarrolladores de GNOME se les critica la toma de decisiones en cuanto a su filosofía minimalista de escritorio, eliminando elementos tradicionales de los escritorios (como iconos en el escritorio, botones de minimizar/maximizar, menús clásicos, etc.)

El consumo de recursos, aunque ha mejorado bastante, a GNOME todavía se le nota pesado en comparación con otros KDE Plasma. En equipos con pocos recursos puede no ser la mejor opción pero para la mayoría de equipos actuales no debería de preocuparnos demasiado.

Conclusión

GNOME y KDE Plasma son dos escritorios excepcionales, que han madurado mucho en los últimos años, y la elección entre uno u otro depende del estilo de cada usuario. En mi caso, GNOME me da la tranquilidad y la eficiencia que busco en mi día a día. Tal vez no tenga la flexibilidad de KDE Plasma, pero justamente ahí está su encanto: menos es más.

Así que sí, me quedo con GNOME.

Comentarios en Mastodon

Cargando respuestas…

Responder en Mastodon